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Crónica del paseo a Tigre Parte 1

Domingo 6:40. Abrí los ojos, me levanté de la cama y sentí  inmediatamente un malestar general: dolor de cabeza orbital, los músculos cansados y mucho mareo. Igual en ningún momento consideré quedarme en casa, simplemente pensaba cuántas Cafiaspirinas iban a ser necesarias. Tomé unos mates, me clavé la primera Cafia y bajé a la cochera. La Cohiba descansaba bajo la funda. La destapé y pasé la mano por el cuero del asiento. El gesto encerraba  mi estado de ánimo: esa vuelta yo venía para atrás y necesitaba un buen apoyo de mi moto. Más considerando que mis únicos trabajos sobre la Gilera recientes habían sido estéticos. Le puse aceite – Eh, Norber… hasta yo me acuerdo de ponerle aceite de tanto en tanto – y aire a las gomas. La Cohiba arrancó a la segunda patada y salí por las calles dormidas de Colegiales rumbo al punto de encuentro. Alvarez Thomas tenía poco tráfico y venía temprano así que me ubiqué en la mano lenta y avancé en segunda disfrutando ese momentáneo bienestar, producto de la cafeína y de ese andar preciso que mostraba la Cohiba.  Me abrí por Galvan, luego Crisólogo Larralde y ahí empezaron a aparecer los ciclistas. Tipejos con gafas futuristas y calcitas gaysoline que me pasaban con una velocidad insolente. Lo aguanté una, dos, tres veces. A la cuarta, tiré el cambio, abrí nafta y comí todo el tramo de colectora hasta General Paz en segundos, los ciclistas eran manchas en la vista periférica. Mientras subía la rampa de la Shell vi llegar por la autopista a un Gilerista. Lo reconocí por la postura y le entré a tirar bocina. Pip, pip, pip, nada. Piiiiiiiiipp. Nada.

Entramos juntos a la Shell y elegimos un lugar donde pudieran ubicarse una cantidad razonable de Gileristas. El primer asistente resultó ser Cristian de la GT 200 y gestor de los calcos. Estaba acompañado por dos amigos, muy buena gente, muy buena onda. Sacaron mate y tuvimos ese privilegio de ir escuchando los motores Gilera que se iban acercando. Llegaron Leo y Marianus, nuevos Gileristas, el amigo David con su moto reconstituida, Ranguli con su mujer, la banda del sur tronando fuerte con Claudito a la cabeza, Carlitos y Poio, Nico Aceituna Verde. Más y más amigos y las motos coparon el estacionamiento. En un momento pasaron dos Harleros solitarios y miraron. Yo estaba sumergido en esa energía Gilerista, en ese grupo increíble de gente y no envidié ni por un instante el prestigio de sus máquinas.  Fluían las charlas, acá y allá, presentaciones, mucho “Aaa, vos sos tal y vos tal…”

Internet es un medio increíble pero también insuficiente. Darle la mano a un amigo, apreciar su moto, los detalles. No hay como eso. Apareció una 215 flamante, llena de cromados y color que hizo enmudecer a la audiencia. Y más y más motos. Las dos motos de Escobar con detalles valiosos y un trabajo de pintura notable. Llegó Sebastian en una interesantísima 300 agarrando el cable del embrague con la punta de los dedos. Pablito sacó repuestos, Nico sacó herramientas y en dos minutos estaban trabajando en el asunto. En otro sector Norber pateaba la moto sin éxito “No va, acá pasa algo grave, me vuelvo” Me pareció haber visto partes de la moto de Dami rodando por el piso.

De repente el punto de encuentro era un gran taller mecánico y pensé que no salíamos nunca más de la estación de servicio. El sol pegaba duro, el efecto cafeína desapareció y sentí el malestar que volvía como un elefante pateándome la cabeza. Entré al bar de la estación, agarré un Red Bull y cuando la cajera me dijo Ocho-Con-Cincuenta ya estaba energizado por el robo atroz.

Las motos se pusieron en condiciones y Carlitos empezó la charla de coordinación. No hay nadie que pueda dar esa charla mejor que Carlitos. Suena con el tono justo de responsabilidad y buena onda, sin pedantería, sin reclamos de autoridad, son instrucciones claras para que podamos circular bien hasta el punto de llegada. Arrancamos las motos, me adelanté y di una  mirada al malón de Gileristas. Esperaba encontrar alguna cara de GiMonte (“Hoy no arranca pero es la primera vez que me pasa”) Increíblemente nadie puso cara y todas las Gileras arrancaron. Salimos por la General Paz ocupando un carril en formación de a dos. En la curva justo antes de Acceso Norte voltee la cabeza y confieso que a pesar de tantos encuentros nunca deja de emocionarme la visión majestuosa y el ensamble de motores y brillos de nuestras Gileras. Carlitos también miraba para atrás. Sonreímos y metimos cuarta.

(Continuará…)

Sebas

Sebas

En 2007 fundó esta web con el propósito de difundir fotos e historias sobre Gileras clásicas. Luego, con ayuda de una camada valiosa de gileristas armó el grupo de paseo que llegó a sumar 40 Gileras clásicas en una salida memorable. En dos ruedas recorrió rutas de Argentina, Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Italia y Suiza.

6 comentarios

  1. AMIGOS BRILLANTE SOLO PUEDO DECIR QUE BRILLANTE MUCHACHOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. una locuraaaaaaaaaaaaaaaa!!!!
    que lindo es compartir con gente que lleva el mismo sentimiento por la marca!!!!
    saludos para todos y hasta la proximaaaaaaa!!!!

  3. Sebas como ya nos tenes acostumbrado con tus relatos revivimos el exelente domingo que pasamos, queremos el resto del relato y muchas fotos.
    Saludos

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